Por Lucrecia Degiorgis



Actualmente es Responsable de Calidad y Producción Primaria de Valorasoy SA y Vicepresidente de la Cámara de Comercio Exterior de San Francisco y la Región. A su vez es Miembro CREA, socia AAPRESID y Miembro de Red de Mujeres Rurales.

En diálogo con Agroempresario,  opinó sobre diversos temas, tales como la historia de la empresa familiar, el agregado de valor a la producción primaria –uno de los ejes centrales del Diario- y el liderazgo femenino, entre otros.

– Florencia, contamos primero que es ValorA  y cuál es su historia

La familia tiene un campo de 200 has llamado Los Almendros, en El Tío, Córdoba. Pasamos por distintas producciones como rollos y fardos de alfalfa para venta, tuvimos 1.200 colmenas con una planta de extracción habilitada por SENASA para exportación, hasta que se nos hizo muy difícil de manejar y decidimos venderlas. Era una situación compleja para la producción agropecuaria, entonces comenzamos con la producción en ValorA. En 2011, instalamos una pequeña aceitera para hacer aceite de soja y expeller. Arrendamos el campo hasta tanto nos hiciéramos más fuertes en cuanto a la producción de expeller y aceite. El campo estuvo arrendado hasta hace unos 3 años que lo retomamos con producción propia.

En el 2013, como el negocio no era tan rentable como esperábamos y a la vez, siempre nos habíamos imaginado lograr un producto exportable, tomamos la decisión de comprar una línea de producción de texturizado de soja y migramos de la producción para consumo animal a la producción para consumo humano. Adaptamos toda la planta y empezamos a trabajar con normas de calidad como BPM, HACCP. De ahí fue un proceso de mejora continua hasta lo que hoy en día es ValorA. Hoy estamos los 4 hermanos y mi papá en la empresa como Director.

– ¿Cuál es tu función  en la Empresa?

Soy  gerente de Calidad y de Producción Primaria. También estoy en el sector de Recursos Humanos y Relaciones Institucionales. Soy la que más áreas ocupa en la empresa. Cuando empecé, había mucho por hacer y fui sumando actividades. Cuando podamos tener más gente en las otras áreas, voy a focalizarme en la producción primaria que es lo que a mí me gusta. Hoy en día somos 25 colaboradores los que formamos ValorA.

– ¿Qué mercados compran principalmente el producto?

En diciembre de 2014, salió el primer contenedor de texturizado de soja con destino a Centroamérica y, desde ahí a la fecha, venimos exportando en forma ininterrumpida. Hoy en día tenemos 15 mercados en 15 países distintos. Tenemos una producción de más de un contenedor por día de texturizado.

– ¿Para qué se utilizan las proteínas texturizadas?

La proteína texturizada es un extensor cárnico, también llamado carne vegetal, por más que ese término no se puede utilizar legalmente. Nosotros exportamos bolsas de 20 Kilos. El destino principal es como aditivo en la industria frigorífica o alimenticia, es decir que se utiliza, por ejemplo para embutidos, como un extensor cárnico. Ese es el uso que nosotros le damos de manera industrial y exportamos. También, tiene un uso doméstico que sería el reemplazo de la carne para veganos, vegetarianos y del nuevo segmento plant-based que hoy en día está surgiendo. Para ese segmento, tenemos una marca desarrollada que se llama Soyalitas y lo estamos comercializando en el mercado interno en presentación de 250 gramos.

– ¿Qué diferencia encontrás entre el mercado externo y el mercado interno?

En el mercado externo hay muchísimo consumo de los que es texturizado como por ejemplo en Sudáfrica, Filipinas, China. Cuando uno recorre el supermercado en estos países, ve góndolas enteras de productos que son exclusivamente texturizados de soja o que en su composición tienen un 70%-80% de texturizado. Estos países tienen un alto consumo debido al  precio de la carne, y son sectores que no tienen un gran poder adquisitivo. Tampoco tienen la costumbre que tenemos nosotros del consumo de carne. Así, como nosotros comemos carne, ellos no tienen acceso por una u otra cuestión y el consumo de texturizados de soja es muy alto. Por eso de entrada empezamos a comercializar muy bien en estos países.

– ¿En Argentina, la proteína vegetal llegó para instalarse?

En Argentina ya llegó, es una tendencia el plant-based. A nosotros nos agarró bien parados, por la experiencia que venimos teniendo hace unos cuantos años. Creemos que tenemos un conocimiento adquirido del 2014 a la fecha que es muy grande; y estamos en estos momento desarrollando otros productos que no son sólo base soja, sino que  estamos trabajando con garbanzo. Luego, empezaremos a estudiar otro tipo de proteínas vegetales.

– ¿Cuál es la diferencia entre la proteína animal y la vegetal, a parte de su procedencia?

Tienen diferencia en cuanto al valor económico; y, nutricionalmente, la vegetal aporta entre un 45 y 50% de proteínas. Con poco que consumas de soja tenés la ingesta diaria de proteínas que te hace falta. Por eso, ahora muchos de los suplementos alimenticios que se consiguen en farmacias tienen aislado, concentrado o proteína de soja por el alto nivel de proteína que tiene.

– Siendo un país productor de proteínas, ¿cómo podés explicar que tengamos 20 millones de argentinos bajo la línea de pobreza y tantos casos de desnutrición infantil?

Realmente nosotros no nos explicamos eso…

– Sé que desde la empresa hacen un gran trabajo social, ¿en qué consiste?

Desde ValorA estamos aportando proteínas vegetales a merenderos y a la Red de Bancos de Alimentos. Un claro ejemplo fue el caso de México; lo primero que nos dijeron allá, cuando empezamos a vender texturizados, es que lo utilizaban para el ejército, para los cascos blancos. Es un producto que quieren tener disponible para casos de extrema necesidad. Acá, nos llevó mucho tiempo encontrar el segmento donde el producto sea valorizado. Ahí fue donde conocimos a Soliagro y al Banco de Alimentos que tiene un conocimiento muy amplio en el uso del texturizado para fines sociales. Estamos trabajando para aportar lo máximo que podemos pero lamentamos que no sea una política de Estado recurrir al texturizado para los planes sociales que tan necesarios son hoy en día. Tratamos de atender las necesidades de la región donde trabajamos, de lo que esté a nuestro alcance. Nuestro producto va muy bien para todo el segmento social pero también para todo el segmento gourmet. Todo depende de cómo se percibe y cómo se presenta. También de las certificaciones que tenga y los mercados con los que trabajes. Es un producto muy noble.

– Bueno Florencia, ahora contanos qué significa ser una “Mujer Rural”

Yo fui una mujer rural toda la vida, desde los 12 años estoy muy ligada al campo. En la Universidad me fue difícil estar en Buenos Aires, por eso me volví enseguida, ni bien terminé, porque estaba muy arraigada a San Francisco. Estuve 14 años en Akron como responsable de Marketing, pero siempre yendo a exposiciones y sin descuidar el campo propio ni la empresa familiar. En casa todo el día se habla de campo. Cuando arrancó la Red de mujeres Rurales, me convocó Pilu Giraudo, a quien estoy muy agradecida porque es un lugar de encuentro donde se plantean temas en común. En mi caso, dentro de la Red siempre me interesaron las Buenas Prácticas y la Certificación. Para mí, producir de una manera sustentable cuidando el medio ambiente, es la única manera de producir. Hacemos capacitaciones para escuelas, ayudamos a mujeres rurales que no se animan a exponer sus casos y que están en situación de vulnerabilidad, sin conectividad ni educación. Intentamos achicar esas distancias y generar oportunidades. 

– Te escuché decir una vez “Porque líder se nace pero también se aprende”. ¿Qué me podés decir del liderazgo femenino?

En la empresa familiar somos 3 mujeres y 3 varones. En ValorA más del 30% del personal es femenino. Creo que con educación y respeto se puede ejercer ese liderazgo. Fui a un colegio agro técnico y jamás sentí una diferencia entre mujeres y varones. Siempre me sentí de igual a igual.

– Nombrame a una mujer que te haya inspirado en la vida

Mi abuela materna. No tenía nada que ver con el campo, pero siempre nos apoyó en todo y nos dejó muchas enseñanzas.

– Y por último, una mujer emprendedora rural que conozcas

Pilu Giraudo porque me encanta seguir su ejemplo, su profesionalismo y las ganas que tiene de seguir motivando a personas para que haga las cosas bien. También a Andrea Grobocopatel. Leí su libro y todo lo que hizo con su empresa familiar me conmovió mucho. Me gusta mucho la historia de ella y de cómo llegaron a ser lo que hoy son, traspasando lo que es una empresa familiar. Me siento muy identificada, a distinta escala, pero siento que todo el crecimiento que hemos tenido en estos años se va viendo reflejado en ValorA.

Fuente: www.agroempresario.com

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