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Emprendedor rico en proteínas Exporta todo lo que produce.



  • 04/03/2020

El próximo 27 de marzo, Alfredo Pedro Ricca celebrará sus 66 años y es probable que uno de los motivos por los que levante su copa sea por el crecimiento de la empresa que comanda junto con sus hijos y que hoy es un ejemplo del agregado de valor en origen.

En los últimos cinco años logró consolidar ValorA, que en El Tío (130 kilómetros al este de la ciudad de Córdoba, en el departamento San Justo) produce proteínas con base en el procesamiento de soja.

Y con un sello que la distingue como una rara avis dentro de la industria nacional: exporta el 100 por ciento de lo que produce.

–Está al borde de los 66, pero no se lo ve con cara de querer jubilarse. Toda una vida dedicada a emprender desde el campo.

 

–Sí. Nací en San Vicente (Santa Fe) y viví toda mi niñez en el campo, con los potreros que estaban cerca de la casa llenos de alfalfa. Confeccionábamos rollos y fardos. Luego mi padre falleció cuando yo era muy chico, a los 7 años, y mi madre decidió que fuéramos a vivir a otro pueblo: Sastre. Allí cursé hasta el secundario y fui a San Francisco con la idea de estudiar en la Universidad Tecnológica Nacional. Hice un año pero dejé, porque quería trabajar: no soportaba que mi madre me mandara dinero para estudiar.

–¿Dónde fueron sus inicios laborales?

–En la empresa de mi suegro, Barbero (fábrica de herramientas y artículos de bazar, en San Francisco), donde me dediqué al comercio exterior. Allí estuve hasta principios de este siglo.

–¿Cuál fue el “clic” para pasar de empleado a emprendedor?

–En 1998 compré el campo en El Tío, donde está la planta, y en 2001, con el cambio de gobierno y de las políticas económicas, se generaron condiciones ventajosas para el agro. Dejé Barbero y comenzamos con colmenas, incluso llegamos a crear una cooperativa de productores con la que exportamos un contenedor de miel, pero el negocio no prosperó. También hicimos exportaciones de carne de caballo con una empresa inglesa. Y volví a la infancia, confeccionando rollos y fardos de alfalfa.

–Un campo polirrubro.

–En 2010 les planteé a mis hijos la posibilidad de crecer con algún otro proyecto, de base industrial. Optamos por procesar soja y, a partir de 2011, montamos una pequeña planta de molienda con la que producíamos aceite y expellers para consumo animal.

–Y allí vino un nuevo proceso, de ser una miniaceitera a una fábrica de proteínas. ¿Qué los llevó a seguir innovando?

–Los vaivenes de la Argentina. A los cinco meses de que empezamos, el negocio ya había dejado de ser rentable como lo habíamos pensado, y se tornó inviable. Por eso pensamos que había que transformar también el aceite o el expeller para reforzarlo.

–Una segunda capa de valor agregado. Ahora entiendo lo de ValorA.

–Esa fue la idea. Decidimos que una buena estrategia era elaborar un producto para consumo humano, por eso optamos por proteínas texturizadas de soja, que se usan en la industria frigorífica, por ejemplo, para elaborar hamburguesas y embutidos. Viajamos a Estados Unidos, compramos una línea de producción, la instalamos a fines de 2013 y nos llevó un año empezar a producir. En las últimas semanas de 2014 logramos exportar los primeros dos contenedores.

–¿Cuál fue la inversión?

–Aproximadamente un millón de dólares para procesar un equipo de soja por día, es decir, entre 36 y 40 toneladas diarias. Y en 2017 sumamos una línea europea, que nos permitió crecer en diversidad de productos. Hoy estamos haciendo el equivalente a un contenedor de proteínas por día, que significa unas 21 toneladas.

–En 2019 cerraron con…

–176 contenedores exportados. El pico fue en octubre del año pasado, con 22 sólo en ese mes.

–De dos a 176 contenedores en cinco años, uno por día hábil en octubre; no para de sorprenderme. ¿Y el mercado interno?

–No vendemos nada a nivel local. Es todo exportación. Cuando quisimos inscribir nuestro producto en el Senasa para el mercado interno, el proceso demoraba mucho, y necesitábamos facturar; por eso, empezamos a exportar. Cuando nos llegó el aval, ya enviábamos todo afuera.

–¿Adónde van las proteínas que salen desde El Tío?

–Ya estamos en 13 mercados y sumando uno más. Cubrimos casi toda América del Sur, a excepción de Brasil. También Centroamérica y destinos más alejados como Emiratos Árabes, Egipto, Filipinas y Sudáfrica.

–Imagino que la apuesta es seguir escalando en valor.

–En este tipo de productos, lo que hoy es un buen negocio mañana pasa a ser una commodity y entonces el precio deja de servir. Esto es algo que ya nos está pasando; muchas empresas están comenzando a producir proteínas extrusadas y nos obligan a buscar nuevas cosas para diferenciarnos.

–¿Cómo qué?

–Nuestros equipos nos permiten procesar diversos tipos de cultivos. Estamos ya probando con harinas de garbanzo, en respuesta a la demanda creciente del mercado vegano y vegetariano. Y también hicimos algunos testeos con arroz, que fueron positivos. En paralelo, en breve estamos por lanzar productos para el mercado interno.

–Eso sí que es una novedad.

–Hemos registrado la marca Soyalitas, con la que queremos llegar a las góndolas. La idea es fabricar chips y barritas proteicas con texturizados naturales y también, salsas listas para acompañar las pastas, como una pomarola, pero a base de soja, con gusto a carne y con verduras disecadas.

–Volvemos al principio: no para de emprender.

–Es que cuando uno empieza, ya después no tiene forma de retroceder. Más aún cuando están tus hijos trabajando con vos, eso te sume en un compromiso mayor. No es fácil con las situaciones cambiantes que tenemos. Por ejemplo, desde las elecciones primarias hasta hoy, mantener una pyme es imposible. Si las empresas grandes están complicadas, nosotros mucho peor. No tenemos asistencia crediticia, los bancos dejaron de dar prefinanciaciones de exportación, nos quedamos sin capital de trabajo y tuvimos que comprar mucha soja antes de las elecciones, porque los productores la vendían en ese momento para eludir la suba de retenciones. Eso nos produjo un desequilibrio financiero muy grande.

–Demasiados obstáculos.

–Uno sigue porque ya está en esto, pero, francamente, si hoy tuviera que empezar a invertir en algo, habría que buscar otro país para hacerlo.

Empresario familiar: Enfocado en innovar

Santafesino de nacimiento, cordobés por adopción.

Nombre. Alfredo Pedro Ricca (65).

Casado con. Amelia del Carmen Barbero.

Hijos. María Florencia (42), María Victoria (40), José (38) y César Francisco (23).

Empresa. Alfredo Ricca SA (en breve se formalizará como Valorasoy SA).

Cargo. Presidente.

Empleados. 25.

Facturación. Llegó a 3,7 millones de dólares durante el año pasado. Exporta todo lo que produce.

Le gusta. Ir al gimnasio. También disfruta de caminatas.

Teléfono. (03564) 416-102.

E-mail. valora@valorasoy.com

Web. www.valorasoy.com

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